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En perfecto desorden 

03/03/2025

Era un pueblo cercano a la costa. Allí se ubicaba el taller de Javier. Un ingeniero hecho así mismo que, con esfuerzo, había levantado su proyecto vital. Un modesto taller en sus inicios, especializado en el corte por láser, así como la fabricación y plegado de piezas mecánicas, que se había convertido en pyme. Esfuerzo y formación financiera. Tal y como él solía decir, “alma de ingeniero con cabeza de financiero”. 

Todo marchaba razonablemente bien, pero Javier, se había percatado de que el mundo avanzaba más rápido de lo que su maquinaría alcanzaba. Una mañana, mientras tomaba café en su oficina, el jefe de producción, Iker, entró con gesto serio. 

«Javier, necesitamos modernizar nuestras máquinas. Llevamos meses viendo que la competencia produce más rápido y con menos errores. Si seguimos así, perderemos clientes».

Javier asintió. Lo había notado. Sabía que su empresa debía evolucionar. Pero la inversión no era pequeña. Además de maquinaria nueva, necesitaban un ERP para gestionar mejor los pedidos y optimizar el inventario. También, pensaba en capacitar al equipo para aprovechar al máximo la tecnología. ¿De dónde sacaría el dinero? 

Aquella noche, mientras revisaba sus cuentas, los números no parecían tan favorables. Financiar todo con recursos propios no era opción. Tampoco podía arriesgar demasiado y comprometer la liquidez. Decidió dar un paso más. 

Al día siguiente, Javier preguntó a su gestora financiera. Él preguntaba por opciones para inversión. Líneas de crédito, leasing para la maquinaria, financiación bancaria, alternativa, Elkargi… 

Sonaba bien, pero cada opción tenía sus requisitos, costes y plazos. Algo le rondaba por la cabeza. No tenía claro cómo, pero sabía de formas para reducir la carga financiera. Su vecino de dos pabellones más a su izquierda había hecho una reciente inversión con “ayuda”. Decidió preguntarle. 

Sí. Nuestro proveedor de maquinaria nos habló de la existencia de “subvenciones”. Le confirmó su vecino del polígono industrial. 

“¡Eureka!” pensó. Javier sintió que una puerta se abría. Si su empresa podía acceder a una subvención, la inversión sería más viable. Pero, cuando empezó a investigar, todo le resultó confuso. Terminología, requisitos y documentos técnicos, plazos… y, lo peor de todo, su sensación de que no dominaba ese “idioma”. Un “perfecto desorden”.

¿Qué es un KIT? Agroalimentario, Industria Digitala, Transición verde, Hazitek, Gauzatu, Pymes industriales… ¿Cómo justifico el gasto? ¿A qué convocatoria puedo aplicar? – se preguntaba mientras apilaba las páginas impresas.  

A la mañana siguiente, en una reunión con su equipo, Iker compartió la preocupación general: 

Javier, no podemos perder esta oportunidad, pero necesitamos ayuda para descifrar todo esto. 

Así fue como supieron del servicio especializado que les ofrecíamos en Elkargi. Ya en la primera reunión, Javier se percató de un serio problema. Su taller, en origen, lo había dado de alta en el CNAE de comercio porque la idea inicial era la distribución de maquinaria. Con el tiempo, comenzó con la fabricación de piezas y maquinaria, después el láser. Debía ajustar y darse de alta en IAE adecuado para optar a la ayuda a fondo perdido que le habían presentado. 

A partir de ahí, todo fluyó. La gestión integral que ofrecemos en Elkargi les proporcionaba todas las facilidades. CNAE, ubicación geográfica, tamaño pyme, ámbito de la inversión, plazos y ejecución. Todas las piezas habían encajado. Realizamos el estudio y la búsqueda previo a la ejecución, maximizando las opciones. Teniendo en cuenta el componente incentivador de estas ayudas, se presentaros las solicitudes a tiempo y cumpliendo con los requisitos. 

Al poco tiempo, le transmitíamos la noticia esperada. Su empresa había sido beneficiada. Renovaron maquinaria, implantaron el nuevo ERP y todo el personal fue capacitado. 

La empresa ha crecido, sigue arraigada en el mismo pueblo costero y cada mañana, Javier ve su fábrica más moderna y competitiva. Había acertado con su decisión.